Letra: (1837-1909).

Música: Beecher, , Christ­ian Heart Songs, 1870.


Dicha grande es la del hombre,
Cuyas sendas rectas son;
No anda con los pecadores,
En actuar de perversión.
A los malos consejeros
Deja, porque teme el mal;
Huye de la burladora
Gente impía e inmoral.

Antes, en la ley divina
Cifra su mayor placer,
Meditando día y noche
En su divinal saber.
Este, como el árbol verde,
Bien regado y en sazón,
Frutos abundantes rinde
Y hojas que perennes son.

El prospera en lo que emprende
Y le sale todo bien;
Mas funestos resultados
Los impíos siempre ven.
Porque Dios la senda mira
Por la cual los suyos van;
Otra es la de los impíos:
Al infierno bajarán.