Letra: Del Sal­ter­io Es­co­cés; 1650; tra­­du­­ci­­do a es­pañ­ol por (1917-1972).

Música: Mear, to­na­da sal­mo amer­i­ca­no, sig­lo XVIII.


La ley de Dios perfecta es:
Convierte al pecador;
Su testimonio es tan fiel
Que al simple iluminó.

Los mandamientos del Señor
Dan gozo al corazón;
Tan puro su precepto es
Que aclara la visión.

Es limpio el temor de Dios,
Que permanecerá;
Los sabios juicios del Señor,
Son justos, son verdad.

Deseables más que el oro son,
Sus juicios, mucho más;
Aun más dulces que la miel
Que fluye del panal.