Letra: (1837-1916).

Música: , 1811.


Nunca, Dios mío, cesará mi labio,
De bendecirte, de cantar tu gloria,
Porque conservo de tu amor inmenso
Grata memoria.

Cuando perdido en mundanal sendero
No me cercaba sino niebla oscura,
Tú me miraste, y alumbróme un rayo
De tu luz pura.

Cuando inclinaba mi abatida frente
Por el pecado de mi necio yugo,
Dulce reposo, y eficaz alivio,
Darme te plugo.

Cuando los dones malgasté a porfía,
Con que a mi alma pródigo adornaste,
“Padre, he pecado,” con dolor te dije,
Y me abrazaste.

Cuando en sus propios méritos se fiaba,
Nunca mi pecho con amor latía;
Hoy de amor late, porque en tus bondades
Sólo confía.